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Según L. Pauling, la
electronegatividad es la tendencia o capacidad de un átomo, en
una molécula, para atraer hacia sí los electrones. Ni las definiciones
cuantitativas ni las escalas de electronegatividad se basan en la distribución
electrónica, sino en propiedades que se supone reflejan la electronegatividad.
La electronegatividad de un
elemento depende de su estado de oxidación y, por lo tanto, no
es una propiedad atómica invariable. Esto significa que un mismo elemento
puede presentar distintas electronegatividades dependiendiendo del tipo
de molécula en la que se encuentre, por ejemplo, la capacidad
para atraer los electrones de un orbital híbrido spn
en un átomo de carbono enlazado con un átomo de hidrógeno, aumenta en
consonancia con el porcentaje de carácter s en el orbital,
según la serie etano < etileno(eteno) < acetileno(etino).
La escala de Pauling se basa
en la diferencia entre la energía del enlace A-B en el compuesto ABn
y la media de las energías de los enlaces homopolares A-A y B-B.
R. S. Mulliken propuso que la
electronegatividad de un elemento puede determinarse promediando la
energía de ionización de sus
electrones de valencia y la afinidad electrónica.
Esta aproximación concuerda con la definición original de Pauling y
da electronegatividades de orbitales y no electronegatividades atómicas
invariables.
E. G. Rochow y A. L. Allred
definieron la electronegatividad como la fuerza de atracción entre un
núcleo y un electrón de un átomo enlazado.
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